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CON UN PAR DE ZAPATOS NUEVOS ENTRE LAS MANOS
Ayer, cuando recibí este par de zapatos semejantes a una pareja de rosas, pensé que todo me sería posible. Vi cosas en las cuales nunca hubiera pensado: flores oscuras cubriendo las calles llenas de polvo; incendios y muertes sucediéndose en este mismo lugar, desde el inicio de los tiempos, diligencias desvanecidas por el fuego y el humo, pesadillas y lamentaciones llegaban hasta mí entre el sonido de golpes de campana, delirios, visiones que me llenaban de pavor, los crímenes y el terror de las épocas pasadas estaban delante de mis ojos; escenas semiocultas por montones de nubes de ceniza (ningún otro color estaba presente: ni el rojo ni el verde ni el magenta y mucho menos el amarillo), sólo el matiz de la ceniza lo presidía todo de manera mecánica. No pude ver el futuro a pesar de que me empinaba tratando de conocer más; pero todo fue en vano.
De esta manera me senté en una silla, al borde del camino, con mi par de zapatos, como dos rosas, entre las manos:
no comprendía nada, estaba sentado allí, no sería testigo de ninguna revelación, había visto todo el horror y las tragedias ocurridas en esta esquina del universo a lo largo de tantos siglos y me encontraba allí, en mi silla, tembloroso, lleno de sudores y de mucho miedo, cerca de la orilla del camino: Con mi par de zapatos nuevos entre las manos.
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